SOLARIS de Stanislaw Lem


Hoy me acerco al blog dispuesta a hablaros de unos de los grandes clásicos de la ciencia ficción y, posiblemente, con algunas de las ideas más revolucionarias e interesantes que el género haya aportado jamás. Me refiero a Solarias, la obra cumbre de Stanislaw Lem. Su lectura, concluida hace apenas unos días, ha sido toda una aventura en varios sentidos. Permitidme hablaros de este grandísimo clásico de Lem y de la curiosa perspectiva con la que lo he conocido.

Allá por el año 2002, un trailer que vi en la tele me llamó la atención: Solaris, película basada en la novela homónima de Stanislaw Lem, sería estrenada en breve con George Clooney como actor principal. Por supuesto fui a verla, pero salí del cine con un poderoso sentimiento de decepción. Desde luego, la película no cumplía con mis expectativas y esto me desanimó sobremanera en cuanto a leerme el libro a pesar de
su renombre. Me olvidé por completo de él sin darle siquiera una oportunidad. Una decisión injusta y que ahora reconozco como totalmente equivocada.

Diez años después, pasando por la casa de los padres de mi pareja, encontré olvidado en una estantería un ejemplar de esta novela. En concreto, una edición de Planeta de Agostini, en tapa dura, con una portada sugerente aunque extremadamente sencilla. Ya con la película bastante olvidada (nunca la volví a ver), la promesa de un atrayente argumento volvió a despertar mi interés y lo pedí prestado. Poco después, inicié su
lectura.

Y aquí comenzó mi aventura personal, ya no solo a través del argumento que el autor iba desgranando, sino también por la misma edición con la que yo contaba. La primera veintena de páginas confirmaron lo que ya había intuido en los primeros párrafos. ¡La traducción provenía de Suramérica! Mostraba un perfecto español pero no así un perfecto castellano. Estaba repleta de formas, modismos y sintaxis propias del otro lado del Atlántico. Quizá proviniera de Argentina, pero no me atrevería a afirmarlo categóricamente. Algunos adjetivos como “grasoso” en lugar de “grasiento” me resultaban incómodos. Expresiones como “sacarse los anteojos” en lugar de de “quitarse las gafas” me chirriaban abiertamente. Y en ocasiones, la aparición de algunas palabras como “retortas” (que aún no sé a que se refería en el contexto donde la leí), me dejaron incluso perpleja. Como si el argumento de Solaris no tuviera suficiente profundidad y trascendencia, encima me veía obligada a lidiar con algunas expresiones que entorpecían ligeramente mi lectura. Desde luego, no fue el fin del mundo ni una barrera infranqueable, pero quizá empañó un poco la calidad y maestría de la forma de escribir de Lem.


Por supuesto, no tengo nada en contra de otros hispanohablamentes, pero mentiría si afirmara que no me incomoda encontrarme sus formas, modismos gramaticales y de sintaxis en algunas ocasiones (libros, cine y similares). Pienso que es algo natural que un individuo se sienta más cómodo recibiendo información según su propia forma de expresión que mediante el uso de otra forma por muy similar que sea a la propia. En mi opinión, la bonita edición de Planeta de Agostini se vio claramente perjudicada por no solicitar una nueva traducción en castellano. Toda una chapuza a los ojos del público español.

Volviendo a la novela me gustaría comentar que Stanislaw Lem la publicó en el año 1961. Algunas novelas de ciencia ficción tan antiguas pueden parecer rancias y pasadas de moda décadas después, sin embargo aquí no es el caso. Los argumentos de Lem son tan sólidos y tan intrínsecos a la naturaleza humana que podrían pasar mil años y aún sonarían actuales. Es una historia que ha envejecido de una forma excelente.

La historia de Solaris resulta realmente interesante de principio a fin de la novela (dicho sea de paso, bastante corta). En mi opinión, se podría decir que el autor nos hace llegar dos historias a la vez durante la lectura que nos llevará a pensar y filosofar sobre dos aspectos  fundamentales: En primer lugar sobre el ser humano y su concepción de la realidad y en segundo lugar sobre la inmensidad del universo y la posibilidad de que algo inteligente pero tan diametralmente opuesto a la inteligencia humana pueda desarrollarse él. La primera de las vertientes argumentales es la más conocida y la que se ve representada en las adaptaciones cinematográficas aunque es la segunda vertiente la que a mi me resulta más interesante.

La novela comienza con la llegada a la estación científica del planeta Solaris de Kris Kelvin, un astronauta y psicólogo que es enviado a estudiar el comportamiento de los demás miembros de la estación. A partir de su llegada, pronto comenzaran a ocurrir sucesos extraños, sucesos que desembocan en la aparición de Harey, el amor de Kelvin que sucumbió a sus instintos suicidas años atrás. Un encuentro imposible que dejará perplejo al lector desde el principio y con el deseo de conocer el misterio que ha hecho posible algo así.

La historia principal de la novela, es decir, las vivencias de Kris Kelvin, resultan fascinantes pero en mi opinión, no tanto como la historia que se encierra dentro del argumento principal. Gracias a las lecturas y observaciones que Kelvin irá realizando a lo largo del texto, la magnificencia del planeta Solaris se irá descubriendo al lector dejándonos totalmente maravillados. Solaris se nos describe como un planeta ocupado por un inmenso océano que, además, está vivo. Se trata de una forma de vida única y compleja que el ser humano y toda su ciencia y estudios sobre el planeta (lo que la novela llama “ciencia solarística”) no han sido capaz de desentrañar. La comunicación entre los humanos y Solaris parece inviable aunque los intentos desde ambas partes son evidentes. Estas diferencias intrínsecas entre las dos formas de vida tan dispares plantean tantos enigmas que dan cierta magia y misticismo al eterno océano planetario y su forma de actuar.


La imaginación de Stanislaw Lem es arrolladora en esta novela. Ya no solo por lo original de su idea y la base filosófica que plantea (¿pueden dos formas de vida tan diametralmente opuestas llegar a entenderse?) sino, sobre todo, por el aspecto tan magníficamente alienígena que tiene Solaris. Lem nos describe las maravillosas figuras que el planeta va formando sobre su superficie sin ningún motivo aparente. Las simetriadas, los mimoides, los longus… estructuras extraordinarias y complejas que solo un ente vivo sería capaz de diseñar y que el ser humano solo puede admirar maravillado. El preciosismo de estas poderosas imágenes inspiró al ilustrador Dominique Signoret a crear una maravillosa colección de dibujos que nos permiten hacernos una idea de las imágenes tan bellas que Lem nos transmite. He utilizado algunas de estas imágenes tan evocadoras para acompañar mi artículo aunque os recomiendo a conocer toda la galería de Signoret ya que es fantástica.

Se puede decir que esta novela es principalmente descriptiva pues no ocurre gran cosa en el tiempo en el que Kelvin permanece en la estación. Algunos sucesos y observaciones puntuales pero no mucho más. No es, desde luego, una novela de aventuras y acción sino que está llena de imágenes e historias dentro de historias. Esta estructura puede llegar a aburrir si no se sabe disfrutar. Normalmente, este tipo de novelas donde la descripción es la base de la narración, no me suelen gustar pues me puede el hastío ante la minuciosidad de algunos autores. El caso de Solaris me ha resultado diferente pues aquello que el escritor describía me resultaba tan impresionante y tan difícil de imaginar que el mero ejercicio de intentarlo ya resultaba entretenido. Por supuesto, la poca longitud de la novela y el hecho de que Lem no se haya ido por las ramas, ayuda a que el texto no sea en absoluto aburrido. Toda la historia de un planeta alienígena encerrada en apenas 150 páginas, eso denota maestría.

La novela proporciona más preguntas que respuestas. Narra los hechos increíbles que Kelvin experimenta durante su estancia en Solaris, cómo estos hechos irán cambiando su personalidad y sentimientos, y finaliza más o menos como empezó: sin respuestas. Es un poco como la vida misma, donde no todo es desvelado y estamos limitados a nuestra propia visión. En esta novela no encontraremos un autor omnisciente que nos descubrirá los secretos y misterios, en esta novela seremos los compañeros directos de su protagonista y solo participaremos de su limitada visión. Esto puede hacer que algunos lectores se frustren pero a la vez da peso al texto y lo hace más realista.

Existen, por lo que se, dos adaptaciones cinematográficas de esta novela aunque Wikipedia me asegura que se rodó una tercera anterior a las que yo conocía. La que yo he podido ver, allá en su estreno en cines en el año 2002, no consigue en absoluto encerrar toda la magia que desprende el libro de Lem. La parte más fascinante, la parte que describe el planeta y sus maravillas queda, totalmente olvidada centrándose únicamente en la relación entre Kelvin y Harey. Por lo que he oído, la adaptación anterior del año 1972 (una adaptación cinematográfica de origen soviético) está mejor llevada a cabo pero tampoco consigue plasmar la magnificencia del planeta – océano. Las técnicas de animación por ordenador permitirían realizar maravillosas versiones de las simetriadas y los mimoides… ojalá esa afición de Hollywood de rehacer viejas películas se acuerde algún día de esta novela otra vez... y esta vez hagan un buen trabajo.



Finalmente me gustaría recomendar esta novela. Hace poco se ha vuelto a editar, esta vez con una nueva traducción al castellano más castizo y, según se comenta, más fiel al estilo de Lem así que debe ser una experiencia muy interesante para los que tenemos el castellano como lengua materna. Sin embargo, si tu lengua materna es el español hablado en América del sur, quizá la versión antigua sea la más apropiada para ti. Sea como sea y teniendo en cuenta la calidad de la novela, no hay excusa para perdérsela. Os invito a darle una oportunidad y no cometer el mismo error que cometí yo en su momento relegando y olvidado su lectura por diez años.


Nota: Las preciosas imágenes que acompañan este artículo pertenecen a Dominique Signoret

6 comentarios:

  1. Una novela fuera de lo común, un clásico. No he visto en ninguna otra obra una descripción de algo tan realmente alienígena como en ésta. Me encanta que la reseña incida en esto y no en el aspecto piscológico, que en esta obra creo que actúa como fondo de el escenario y no al revés.

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  2. En mi opinión la versión de Andrei Tarkovski es sin duda mucho mejor que la de Sodemberg (director de la versión protagonizada por Clooney). Pero claro, Tarkovski es mi director favorito.
    De todas formas, y pese a mis filias, Tarkovski era amigo de Lem y este participó en la adaptación de su película, lo que creo que ayudó a que la versión rusa sea más fiel a la novela en espíritu.
    Eso sí, es una concepción de cine muy distinta a lo que estamos acostumbrados. La primera vez que vi una película de Tarkovski, rodeado de estudiantes de cine, fui el único que se quedó en la sala para mitad de la película. :D

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  3. De pequeño, mi madre me regaló el libro "Fábulas de Robots" del señor Lem. Fue realmente impresionante para una mente tan joven como la mía en aquel momento. Aunque ahora no recuerdo todas las historias (la que mas me impactó fue "Las Orejas de Uranio"), si que recuerdo la impresionante imaginación del señor Lem que parecía esconder una lección moral en cada uno de estos relatos.

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  4. Gran novela, y muy buen análisis. Coincido contigo, lo que más me gustó es la descripción científica del planeta, exactamente eso, algo meramente descriptivo porque nunca podrá ser entendido. Creo recordar una frase del libro, algo así como que entender a Solaris extrapolando la vida en la Tierra es como decir que un elefante es una bacteria gigantesca. La parte más intimista del libro, la verdad, no me llegó tanto.

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  5. Me alegra ver una reseña de Solaris, para mí una de las novelas que introduce un concepto absolutamente fascinante y que tengo la impresión no ha recibido la atención que merece.

    la película de Sodemberg obvia absolutamente todo esto para centrarse en ese extraño camino a "Utopía" que al final hace el protagonista. Vamos, que casi olvida el ente vivo para hacer otra especie de 2001 Odisea en el espacio. Ni siquiera aborda el tema de que Solaris sea una única entidad viva y consciente, cosa que me sorprendió bastante.

    Tengo que admitir que Solaris ha sido una novela que me influyó muchísimo y es una de mis mayores fuentes de inspiración.

    Saludos cordiales y gracias.

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  6. No conocía de la novela y ahora que he leído la reseña sólo puedo decir: A la saca. Ya tengo lectura cifi a la vista, que me encantan estas historias tan evocadoras sobre el contacto entre especies distintas, más si son alienígenas de verdad y no lo típico.

    Muy buenas reseña.

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