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EDITO: Problema solucionado.

El Enclave

El Enclave es el primer módulo oficial para Aventuras en la Marca del Este que ve luz. Este suplemento nació rodeado de ciertas polémicas (que no voy a entrar a valorar) que la editorial y autor zanjaron antes de que eclipsara lo que realmente importa, que la línea de Marca del Este es viable, tiene mucho tirón actualmente y mucho recorrido por delante, como se puede deducir de las cuentas que la propia editorial ha presentado esta misma mañana en nota de prensa (Aquí). Pero vamos a lo que vamos, "El Enclave" es el primero de una trilogía de aventuras llamada "La Orden del Libro" y que cuenta los hechos relativos a la citada orden del libro y su sede principal en la ciudad de Robleda.



El libro tiene un aspecto muy bueno, con una ilustración de portada evocadora y sobria. Pero el interior es mejor. En el apartado técnico tengo que decir que El Enclave iguala o mejora lo que vimos en el básico,con un acabado impecable y unas ilustraciones soberbias. El detalle de los mapas de gran tamaño de los callejones y del dungeon de la segunda parte, para poder jugarse con miniaturas está muy bien.


La aventura en si amplía un poco la información que se nos da en el manual básico sobre la ciudad de Robleda y el Gran Pantano, con la información justa para poder montar la campaña. Pero es que no necesitamos más, con esa información como esqueleto el narrador puede vestir más o menos el escenario, que es sólido y bien narrado. Por primera vez se describe una de las religiones de La Marca del Este, el culto de Velex, dios de la Guerra. De nuevo la información es la justa para comenzar a jugar y montar la aventura. Lo cual a algunos puede parecer insuficiente, pero que yo creo que permite la flexibilidad de añadir o quitar cosas al gusto de cada grupo. Hoy precisamente,  Steinkel ha publicado una pequeña entrada, con algunos datos de las deidades de Marca del Este. 


El Enclave está dividido en dos partes, la primera de ellas, mucho más interpretativa y sesuda, nos sirve como motor emocional y justificación de la segunda. Está ambientada totalmente en la ciudad de Robleda y como ya he dicho, servirá como introducción, presentación de los personajes y gancho para comenzar la segunda parte. Esta segunda parte, mucho más tradicional en su desarrollo, puede jugarse de forma totalmente independiente, saltándonos directamente la primera parte y narrándosela a los jugadores como hechos pasados. Hay que decir que no se saborea igual esta segunda parte si no se ha jugado la primera. En conjunto, se trata de una aventura sólida que indaga en la psique de los personajes y las motivaciones que les llevan a hacer lo que hacen, cambiando el destino de la ciudad de Robleda. Todo desde un punto de vista poco acostumbrado, y es que en El Enclave los personajes no son los niñitos buenos de otros módulos.

En resumen, mañana en las tiendas, El Enclave, no lo dejéis escapar. Esperemos que sigan con esta calidad en cuanto a las futuras publicaciones.

Lobo el Cazador, Capítulo II

Extraños sueños poblaban la febril mente de Lobo. Su cuerpo parecía caer en un abismo de hielo y fuego que se transformaban en las fauces de una gigantesca serpiente. Gritaba, pero no tenía garganta. Luchaba por zafarse, pero no tenía brazos. Miraba su reflejo en los dorados ojos de la criatura, hasta descubrir que él mismo era una sinuosa serpiente de ojos dorados.
Y de pronto se encontró desnudo en un lugar desconocido. Caminó por un páramo desierto plagado de extrañas figuras translúcidas. No crecía ninguna planta ni escuchó sonido de ningún animal.

En medio de aquel tormento donde el día y la noche no tenían sentido, Lobo encontró un hombre anciano. Su piel era arrugada y curtida por el sol de muchos años, su cabello, escaso, era blanco como la nieve. Vestía una capa de piel de leopardo, adornada con plumas de colores vivos y atada en su cuello con un lazo de cuero adornado con colmillos de oso. Estaba sentado en el suelo y su aspecto se asemejaba al de un viejo buitre esperando su turno para saciarse. Lobo conocía bien a aquel hombre, que le inspiraba miedo y devoción a la vez. Aquel hombre era Mugh-Ta, brujo, hechicero, curandero y sacerdote de los Uthar. Se acercó a Lobo en su sueño.

-El Sol brilla sobre tu cabeza, joven Lobo.

-Y que brille sobre la tuya y la de tu familia, Mugh-Ta.- respondió con la cortesía adecuada en su delirio el guerrero. -¿Estoy muerto? ¿Es esto el Inframundo?

-No has muerto, guerrero. -Se acercó a él y lo golpeó con su cayado en la frente.- ¡Despierta!

El sueño cesó. Lobo escuchó el crepitar de un fuego y el borboteo familiar de una olla. Susurros de una voz femenina que no conocía, y luego la grave y cavernosa voz del brujo. Abrió un poco los ojos y lo encontró allí. Mugh-Ta estaba inclinado sobre él, sosteniendo su viejo bastón cerca de su frente.

-Ha despertado. -Proclamó.

Un júbilo de gritos se alzó fuera de la choza en la que se encontraba. Lobo yacía envuelto en pieles junto a un fuego donde una olla desprendía un agradable aroma a estofado. Las paredes de madera estaban cubiertas con pieles y en numerosos estantes se apilaban pergaminos, tablillas de arcilla, pócimas, ungüentos y algunos aparatos que sólo un brujo sabría catalogar. Lobo trató de incorporase, pero el dolor recorrió su cuerpo y lo obligó a tumbarse de nuevo, tosiendo.

-No te levantes. -Dijo la voz desconocida. Lobo giró su cabeza para encontrar a una hermosa joven que molía hierbas sobre una corteza. - Aún estás débil y tus heridas no están sanadas.

El cabello, rubio trigueño, caía en tirabuzones sobre sus hombros. Sus ojos, fríos como una mañana de invierno eran jóvenes e inquietos. El rostro estaba salpicado de pecas que le daban un aspecto entre inocente y astuto. Al guerrero le costó reconocer en aquella hermosa mujer a Alyanne, la nieta de Mugh-Ta. Lobo evocó en su mente todas las veces que habían jugado juntos de niños. La flacucha niña a la que tiraba de las trenzas ahora era una hermosa mujer de caderas redondeadas y pechos generosos. Habían pasado muchos años desde la última vez que la vio, cuando los padres de Alyanne habían muerto a manos de saqueadores Taryos. Desde entonces la joven había permanecido con sus parientes en el norte, pues era la nieta menor del rey de los Alanos, muy querida en aquel lugar.

-¿Han sido tus manos las que me han sanado? - preguntó Lobo.

-Yo curé tus heridas, matador de dragones, pero fue mi abuelo quien te arrebató de las garras de la muerte.

-A ambos os doy las gracias...

-El veneno que te inyectó la bestia es poderoso, tardarás en recuperarte del todo...-añadió Mugh-Ta. El viejo se levantó con dificultad y abandonó la choza con pequeños pasos.

-¿Cómo he llegado aquí?-preguntó Lobo

-Los cazadores te encontraron muy malherido tras matar al dragón. Los dioses deben tener algún destino para ti... cualquier otro habría muerto de esas heridas. - Lobo quiso hacer más preguntas, pero ella rozó sus labios suavemente con la yema de los dedos. - Ahora come.

Y Lobo, regocijándose por estar vivo, comió y bebió hasta que el cansancio le venció y cayó dormido. Esta vez, libre ya de pesadillas, su sueño fue reparador.

El Sol se había alzado y había descendido sobre el horizonte una docena de veces antes de que Alyanne permitiese a Lobo abandonar la choza. Durante aquel tiempo muchos habían ido a visitar al gran Lobo, el Matadragones. Había contado la historia al menos un centenar de veces, con emoción al principio, que se había tornado en monotonía con los días. Lobo no encontraba reposo postrado en un catre. Necesitaba salir, sentir la lluvia sobre su rostro, el viento meciendo su negra cabellera. Se había sentido como un animal enjaulado. Y lo que era peor, sentía un profundo dolor. Un dolor que no provenía de sus heridas, era algo interno, que le abrasaba. Un feroz deseo que le impedía pensar con claridad.

Había comenzado a sentirlo, débil al principio, cuando Alyanne venía a prepararle la comida y él la observaba en silencio. Había ido a más durante las largas noches que pasaron conversando, y ella le contaba como era la tierra de los Alanos y Lobo sonreía y escuchaba cada palabra como si fuese mágica. Habían hablado de viejas canciones y mitos, del cielo, de las estrellas, habían reído juntos y compartido el silencio ¿La amaba? Creía que sí. Porque ansiaba hacerla suya, besarla y estrecharla en sus brazos.

Era por eso que había insistido tanto en abandonar la choza de Mugh-Ta. Él era solo un guerrero mientras que ella era la heredera de Mugh-Ta y nieta del rey de los Alanos, una sacerdotisa y princesa completamente fuera de su alcance. Lobo sabía muy bien cual era su posición, un cazador joven que se sentaba aún en la mesa de los solteros en el gran salón, sólo por encima en posición a los labradores y a las mujeres. Además había escuchado los rumores de que Lyrass, el hijo del rey Thorbal la pediría en matrimonio en la fiesta de Primavera. Aquello hacía que hirviera su sangre, pero nada podía hacer al respecto. Era lo que era y no podía cambiarlo. Salió sumido en estos oscuros pensamientos y se encontró con el viejo Mugh-Ta, que fumaba en pipa sentado junto a la puerta.

-Recuerdo el día que naciste. -le dijo a modo de saludo.- Era una noche terrible, Avar, el dios de la tormenta descargaba su furia sobre nuestro pueblo. Tu madre estaba en mi tienda, mi hija aún vivía y la atendía en el parto. Fue un parto duro, muy largo. Tu padre esperaba nervioso en el gran salón. El resto de guerreros hacían bromas para tratar de distraerlo. La noche parecía eterna y el viento soplaba con fuerza y hacía temblar la casa. Sonó un trueno, se escuchó el lejano aullido de un lobo en el bosque. Y entonces naciste tú. Los lobos comenzaron a aullar en las montañas cercanas, enloquecidos por la furia de la tormenta. - Hizo una larga pausa para fumar.- Hicimos llamar a tu padre. Cuando llegó, te levantó por encima de su cabeza, mostrando a todos los guerreros a su hijo.

"¿Escucháis como aúllan? Llaman a uno de los suyos. Pues mi hijo será un lobo, un cazador, un guerrero de los Uthar."

-¿Y mi madre? - Preguntó el guerrero sonriendo. Ya conocía la historia, pero le encantaba escucharla de los labios del viejo brujo.

-Tu madre había perdido mucha sangre en el parto. Hubo complicaciones. Te tuvo en sus brazos hasta que su vida se apagó. Pero marchó tranquila a los salones de los ancestros. Tu padre te bautizó como Lobo, y te confió a este poderoso tótem. Sin duda te acompañaba cuando te enfrentaste al dragón.

-¿Era un dragón Mugh-Ta? Creía que lanzaban fuego por las fauces...

-Y así era... lo que tu mataste era un degenerado despojo de lo que antaño fue una raza noble, fuerte y terrible. Perseguidos, cazados, arrojados a la oscuridad del Inframundo, poco a poco su raza fue decayendo en el atavismo, hasta quedar reducida a la abyecta bestia que encontraste en aquella cueva. Pero si, hijo mío, era un dragón.

Lobo se sentó junto al viejo durante un momento. Con Mugh-Ta los silencios no eran incómodos. Junto a él se respiraba un aura de antigüedad y grandeza. En las arrugas de sus ojos podía leerse la huella del paso de decenas de inviernos, en su mirada astuta podía intuirse una sabiduría oculta, la de aquellos que son capaces de ver más allá de lo que para la mayoría es evidente.

-¿Te marchas muy lejos?-preguntó el brujo.

-No, unos días al bosque... necesito recuperarme.

-Hacen falta muchas noches para curar la herida que te atormenta, y no siempre es posible.- el viejo puso su mano en su hombro.

-Tan... ¿evidente es...? - preguntó Lobo un poco aturdido.

-Lo que es, es... y si miras bien ahí está. Ayuda a este viejo a levantarse - Lobo lo ayudo a levantarse. Cuando ya entraba en la choza se giro y añadió antes de marchar – El ardor de la juventud a veces hace que las cosas no se vean con claridad, impidiendo diferenciar lo que se ama de lo que simplemente se desea.

Así quedó Lobo pensando en las palabras de Mugh-Ta. Después recogió sus cosas y marchó al bosque.

Cómo dirigir y no morir en el intento

Son muchos los amigos que, tras ser durante mucho tiempo personajes en partidas dirigidas por otros, se quieren lanzar al mundo de los directores y no saben bien por donde empezar. Algunos que me conocen, tras dos décadas detrás de la pantalla, me preguntan (que se dice que más sabe el máster por viejo que por ser máster) acerca de trucos o misteriosos secretos para no fallecer en este noble arte.

Lo primero, advertiros que esto no es una guía definitiva, ni un manual de cabecera. Muchos de vosotros posiblemente hacéis todas estas cosas inconscientemente y muchos de estos trucos son simplemente de sentido común. ¿Preparados? Pues empezamos con un primer Power 19 sobre el arte de la narración.


Pensamiento creativo




Corría el año 93 cuando nos pidieron que, para el mes de la virgen, trajéramos unas flores como ofrenda para colocarlas en el patio de la capilla. Me dirigí, obediente, a la floristería para seleccionar mi ejemplar floral y evitar de este modo, mosquear a las monjas del colegio, con las que ya había tenido algún que otro rifirrafe (algo que no es nada positivo si se tienen 11 años y se está en un colegio cristiano, católico, apostólico, romano y solo para niñas).

Tras observar detenidamente todas las opciones que me ofrecía la encargada y meditar profundamente, hice mi elección y me presenté con ella en la capilla al día siguiente, toda orgullosa.

Las niñas llegaron a la par, con preciosos ramos de flores de todos los colores: rosas blancas, claveles rojos, gladiolos amarillos... Yo, absolutamente convencida de mi misma, llevaba en una maceta, un magnífico cactus alargado de afiladas espinas, con dos preciosas flores moradas que crecían en sus ramas. Estaba tan segura de mi elección porque mi línea de pensamiento era impecable: El cactus soportaría el intenso calor del Mayo granadino, también el sol directo que caía durante 12 horas diarias en el patio de la capilla. Además, al estar en una maceta, no se moriría por falta de alimento y, al ser de secano, no pasaría nada si se olvidaban de regarlo de vez en cuando que, conociendo a las monjas del lugar, sin duda ocurriría. Y por supuesto estaban sus espinas, que protegerían las dos flores de ser arrancadas para adornar el cabello de alguna niña que pasara por allí. El resto de los ramos de mis compañeras se pudrirían en un par de días, mi cactus serviría de ofrenda por años con un mínimo de cuidados. Y tenía dos preciosas flores moradas. ¿Que más podían pedir?

Las monjas no lo vieron así, por supuesto, y se enfadaron hasta lo indecible asegurando que mi cactus insultaba a nuestra santa patrona. Convocaron a mi hermana para esclarecer los hechos y echarle en cara, entre otras cosas, el que me hubiera dado semejante libertad y la compra del ramo no hubiera tenido su supervisión. Mi hermana escuchó mi versión, escuchó la de las monjas y, tras unas risas (que ofendieron a ambas partes, todo sea dicho), solo les dijo una cosa: "¿Que esperan? ¡No se puede decir que esta niña no sea de la familia! Lo suyo es el pensamiento creativo".

Y es que algunos, desde niños, ya apuntamos maneras y nos salimos de lo más habitual y de las líneas de pensamiento masivas. Mi primera lectura, cuando comencé a aprender las letras, fueron comics de marvel y no la cartilla micho. Mi juego favorito era imaginar que vivía aventuras extraordinarias en un mundo de fantasía como le ocurría a Bastian en la historia interminable, no el típico juego de mamás en los que participaban mis coetáneas. Mi juguete predilecto durante mucho tiempo, fue un puerto interestelar hecho por mi misma con papel, plastilina, celo y papel de aluminio y jamás tuve ni una barbie ni un nenuco. Mi mayor bronca en primaria fue cuando me pillaron leyendo la dragonlance en clase de historia en vez de atender, mientras a mis compañeras, cuando las pillaban, lo hacían con la super-pop en la mano. Mi imaginación volaba libre. Y con 11 años, durante la navidad, como regalo estrella de parte de mis hermanos y tras mi insistencia, recibí mi primer manual de rol (Stormbringer) y mis primeros dados de 10 caras. Mis hermanos prefirieron confiar en mí y potenciar mis gustos a encerrarme en convencionalismos. Personalmente, creo que más de un padre debería hacer eso…

Conforme crecí, se acentuaron más mis gustos y el rol me enseñó a meditar muy bien las opciones posibles antes de tomar una decisión, algo que si ya hacía de forma innate, se acentuó claramente durante las partidas: ¡Cuantas veces maté a los jugadores de mis partidas (siempre compañeras de clase) por no contar con todas las posibilidades! Aprendí a echarle mucha imaginación a todo, a mirar las cosas desde todos los ángulos, a cuadrar bien una historia y a interpretar un papel. Esto a mis profesores no les gustó nada pues también me convirtió, siendo justa y tratando tanto lo positivo como lo negativo, en una gran mentirosa. Y es que si el rol tiene algo malo, puede ser precisamente eso, porque el pensamiento creativo no es pensar que un dragón vive en tu armario, es esa habilidad para resolver un problema (o reto lanzado por el director de juego) echándole imaginación y asumiendo que, a veces, la mejor opción no es la que se ve a primera vista. Algo que, seamos sinceros, el rol fomenta claramente, sobre todo, el más interpretativo.

No todo el mundo entiende el pensamiento creativo, y menos aún busca potenciarlo. Recuerdo que con 19 años, esta tendencia me hizo perder mi primera posibilidad de acceder a un empleo. Durante la entrevista, a los candidatos nos plantearon lo siguiente: Tres compañías distribuidoras, una de agua, otra de gas y otra de electricidad, debían hacer llegar sus productos a tres clientes distintos mediante tuberías / canaletas en túneles que no debían cruzarse en ningún momento (aunque no explicaron el motivo). Para representarlo gráficamente, probad a dibujar tres cuadrados (que representan las compañías) y frente a ellos, tres círculos (que representan a los clientes) y tratad de unir con líneas independientes cada uno de los círculos con cada uno de los cuadrados, de forma indirecta o directa....

Tranquilos, probadlo que yo espero...

...

¿Ya lo habéis conseguido? Tomaos vuestro tiempo...

….

¿Tenéis ya vuestra respuesta? Habréis visto que, a simple vista, parece imposible. Sin embargo hay varias maneras de conseguirlo. Yo descubrí dos. La primera era establecer un "círculo" que uniera compañías y clientes en la "circunferencia", formar un anillo de túneles por el que pasarían los suministros. La segunda era unir todas las líneas entre compañías y cliente a un nodo central (no se cruzarían sino que convergerían) y formar una red. Ambas opciones se consideran tradicionalmente, la resolución correcta del dilema.

Yo, por supuesto, las deseché ambas. ¿El motivo? Decidí que las opciones no eran válidas pues, implicaba que los cables eléctricos, las tuberías de agua y las de gas irían, en algún momento, por el mismo túnel. Yo me pregunté ¿y si hay una fuga de agua? Inundaría los túneles y afectaría al tendido eléctrico! ¡Incluso podría ser desastroso si afectara a las tuberías de gas! ¿Y si hay un escape de gas directamente? ¡Podría provocar una explosión debido a la proximidad de los cables eléctricos! No me parecían buenas soluciones, por lo que planteé, en mi creatividad, una diferente, una que se escapaba del papel y el bolígrafo en el que mis compañeros trazaban líneas entre círculos y cuadrados: Añadir una tercera dimensión, la profundidad, es decir, túneles independientes para la luz, el agua y el gas (aunque estas últimas podrían ir juntas para ahorro económico) a diferentes profundidades. Por supuesto que se cruzarían pero no del mismo modo que planteaba el enunciado encerrado en dos dimensiones, así que consideré mi planteamiento válido. La luz a nivel superior, el agua y el gas, más profundos para que resultaran menos peligrosas en caso de escapes. Eso sí, habría que hablar con un buen geólogo y tratar el tema de los posibles túneles ya existentes de alcantarillado o alguna construcción pero eso ya se lo dejaba a los expertos.

Me sentía realmente orgullosa con mi innovadora respuesta. Pero fue mi pensamiento no convencional lo que dio por no válida mi respuesta siendo las dos ideas iniciales que rechacé las consideradas correctas... y me quedé fuera de la selección de personal y con un disgusto impresionante simplemente por que mi idea no era la esperada. Nadie se molestó en tratar de comprender mi lógica.

Mi hermana siempre dice que vivimos en un mundo de borregos y a veces no puedo evitar estar de acuerdo con ella. Pero también es cierto que ella no conoce a muchos roleros, las personas más creativas que conozco y que raramente se dejan arrastrar por las tendencias masivas. Suelen ser gente con los pies bien pegados a la tierra… pero que permiten que, de vez en cuando, su imaginación vuele por las nubes. También son gente con mentalidad abierta y la habilidad de buscar soluciones de calidad a sus problemas cotidianos con gran efectismo. Y también suele ser gente que, cuando relato la anécdota con la que he abierto este artículo, suelen defender mi opción pinchuda frente a los ramos de mis compañeras, aceptando mis argumentos y dando otros nuevos.

Por que salirse de lo habitual, no es malo. El pensamiento creativo tampoco, el problema lo tienen aquellos que no se molestan en intentarlo.

Lobo el Cazador, Capítulo I.

Siguió las huellas del puma por la hondonada hasta llegar al lecho de un riachuelo cuyas aguas cantarinas bajaban brincando desde los picos lejanos de las montañas del norte. Cualquier otro habría perdido el rastro, pero él no. Se agazapó en el suelo, comprobó que la dirección del viento no le delataba. El puma era un rival peligroso que podía dejar de ser presa para convertirse en cazador en cualquier momento. Y el guerrero lo sabía. Se había separado del resto de la partida de caza, que habían empujado al felino en esta dirección.

Lo habían perseguido mas allá del bosque que marcaba el fin de su territorio y sólo unos pocos valientes habían continuado la persecución en aquella región desconocida. Miró a su alrededor con detenimiento. Los márgenes del río estaban flanqueados de altos juncos y espadañas afiladas como agujas. Saltó entre ellas con agilidad y se introdujo en el frío torrente. Su corazón palpitaba en su ancho pecho con la emoción del desafío mientras avanzaba con el agua helada hasta las rodillas. No podía perder mas tiempo esperando al resto, perseguiría a la bestia él solo.

Ascendió rápidamente por el torrente usando las manos para trepar en los tramos mas difíciles. El agua tonificaba sus músculos, cansados por el esfuerzo de alzar su vigoroso cuerpo entre las rocas y los quebrados del río. Y de pronto se detuvo. Había llegado a una pequeña charca, formada por un salto de agua que comenzaba varios metros sobre su cabeza. Al otro lado de la cascada, se intuía la negra boca de una cueva. El cabello de sus brazos se erizó. En aquel lugar no cantaban los pájaros sobre el murmullo del agua, no zumbaban las libélulas sobrevolando los nenúfares, no croaban las ranas en las orillas. Allí, en aquel lugar, no había vida. Hasta la frondosa vegetación estaba gris y marchita. Junto a la oscura y tenebrosa entrada yacían los esqueletos de varios animales de gran tamaño. A sus fosas nasales llegó el hedor de la descomposición y el metálico aroma de la sangre fresca. El puma que estaba persiguiendo yacía muerto en el lecho del río. Su vientre estaba abierto y su contenido sanguinolento desparramado a su alrededor. Aquella bestia había aterrorizado su aldea durante varias lunas, robando ganado e incluso aventurándose a atacar al hijo menor de Hoffel. Y ahora estaba allí, desmadejado y muerto como una vulgar alimaña. Sintió una punzada de miedo, no el miedo a la muerte o a la batalla, sino algo mas profundo. Un miedo ancestral que nacía en lo mas profundo de su alma, un miedo mas antiguo que el hombre, mas antiguo quizá que aquellas montañas.

Y de pronto los vio. Ocultos tras el salto de agua, dos ojos reptilianos le observaban en silencio. Unos ojos ambarinos rasgados por una pupila negra como la noche. Poco a poco la cosa tras la cascada avanzó, sacando de la cueva una enorme cabeza de serpiente, rematada por una terrible cornamenta de alce. Sus escamas destellaban como esmeraldas bajo el sol. El guerrero retrocedió y estuvo a punto de perder pie, pues tras de él, el río caía sobre las afiladas rocas. La criatura avanzó despacio, sin dejar de observar fijamente al hombre que se erguía aún orgulloso frente a ella, como un ratón que se enfrenta a una serpiente. Sin ceder mas terreno, observó aquella obscena monstruosidad, su cuerpo de serpiente era largo como el de un caballo, las patas de lagarto rematadas en garras afiladas como los colmillos de un dientes de sable, la cola larga y ancha como el muslo de un hombre adulto.

Dejó caer la lanza, liberó la vaina de su espada atada a su espalda, y con un suave movimiento desenvainó la ancha y afilada hoja. Si había que morir, Lobo el Cazador, de los Uhtar, tendría la muerte de un guerrero.

Trazó un semicírculo hacia su derecha, chapoteando aún en las frías aguas de la charca. Sus ojos fijos en los dorados globos oculares de la criatura, que parecían contener dentro un fuego antiguo, una abrasadora llama que sólo podía provenir del mundo de ultratumba. Y entonces la criatura atacó. Lanzó su poderoso cuello adelante tratando de morder al hombre. Lobo saltó a un lado con agilidad y lanzó un tajo cruzado con su espada. Un espeso icor negro le bañó al hacer estallar uno de aquellos ojos y el bramido de aquel ser de pesadilla le perforó los oídos y martilleó directamente su cerebro. Cayó de rodillas, aturdido y conmocionado. No vio venir la cola de la criatura,que como un tronco de árbol le golpeó en el pecho y le lanzó contra las rocas.

El dolor de su pecho era insoportable, saboreó la sangre en sus labios. Aceptó que era el final. Roto entre las rocas su cuerpo, nada podía hacer contra aquella bestia. Su mano buscó su espada por reflejo. Sintió una punzada de paz al encontrarla y aferrar la familiar empuñadura de cuero. ¿Iba a morir allí? ¿Sin plantar mas batalla? No, al menos se llevaría a su enemigo al otro mundo consigo.

El cuello de la bestia se tensó de nuevo y chasqueando como un gigantesto látigo se lanzó sobre el indefenso guerrero. Y lo encontró esperándolo con la espada por delante, aferrada con ambas manos en un desesperado y heroico último gesto. La bestia halló su propia muerte al atravesar el acero su paladar y llegar a su cerebro. No impidió esto que sus colmillos quedaran fuertemente clavados en el cuerpo del guerrero.

Con un grito, Lobo soltó la espada y aplicando sus últimas fuerzas abrió la poderosa mandíbula que le atenazaba como un cepo. Aquellos afilados colmillos le habían apuñalado profundamente y su sangre corría por el poderoso pecho tiñendo de rojo el agua de la charca. Su mente estaba aturdida, como si todo ocurriera en un sueño. A lo lejos creyó escuchar a sus compañeros de caza, que le llamaban a gritos por su nombre. Nada de aquello ya importaba, sabía que sus heridas eran profundas y que pronto caminaría por el salón de sus ancestros, donde sería juzgado. Liberó su espada apoyando el pié sobre la inerte cabeza de la bestia. Respiró con dificultad tratando de reunir sus fuerzas, y de un poderoso tajo seccionó el ancho cuello. Recogió la enorme y bestial testa y asomándose al risco por que que había trepado la levantó sobre su cabeza con un último grito de triunfo... Y después se hizo la oscuridad.

Rolterapia

Durante las pasadas elecciones presidenciales en EEUU, el candidato republicano John McCane hizo unas polémicas declaraciones en las que afirmaba que los demócratas eran unos cobardes que no luchaban en la guerra de Irak y se quedaban escondidos en los sótanos de sus padres jugando a Dungeons & Dragons. La avalancha de críticas de soldados desplegados en Irak y jugadores de D&D fue increíble. Wizards of the Coast pidió una rectificación de esas declaraciones y se reveló que el gigante juguetero de Hasbro enviaba una gran cantidad de material de juego (incluyendo copias de D&D) a los soldados en el frente de manera gratuíta. El candidato republicano se disculpó más adelante. Esto sirvió para demostrar dos cosas, la primera es que en EEUU tienen bastante más respeto que aquí por la industria rolera, que mueve mucho más dinero, y la segunda y no menos importante, es que los soldados en el frente usaban esos juegos para combatir sus propios miedos, soledad y angustia... y que sus mandos los recomendaban.

Mi grupo jugando una partida en el cuartel de la ASPFOR Pirineos en Afganistán, durante la Operación Fingal. A la derecha, dirigiendo el juego, un servidor. 


Jornadas Lúdicas en San Martín de la Vega (Madrid)



Outcasted asistirá, si nada nos lo impide, a las jornadas del próximo fin de semana (17 de Abril) en San Martín de la Vega dirigiendo algunas partidas y pasándolo bien. Los organizadores son Paladines del infierno y Cota de malla dos asociaciones del lugar que han tenido el detalle de invitarnos (¡Gracias Guillermo!)

¿Quien más se apunta? ¡Animaos!

Lo que dieron de si las VIII Jornadas de Rol de Sevilla

Como a estas alturas todos ya sabéis, este fin de semana Helena y yo fuimos cordialmente invitados a participar en las VIII Jornadas de Rol de Sevilla con la editorial Holocubierta. Este resumen o reseña de lo acontenido era obligatrorio, no ya para contaros mi experiencia, sino para agradecer de todo corazón el calor humano de los chicos de Holocubierta, La Marca del Este y sobre todo de la A.J. Yggdrasil, que nos tuvieron en palmitas y nos mimaron haciéndonos sentir en todo momento rodeados de amigos. 

La Holozona en proceso de montaje...




Las jornadas se desarrollaron en la Alameda de Hércules y la Casa de las Sirenas, donde la organización (la asociación Dirigible) había hecho un magnífico trabajo, tanto en la propia casa, con la exposición, como en la alameda, donde tuvo lugar el grueso de las actividades.


EL PLANETA DE LOS DINOSAURIOS y LOS SUPERVIVIENTES de Anne McCaffrey



Hacía tiempo que me apetecía leer algún libro de ciencia ficción escrito por una mujer. Aunque bien es cierto que este género lo frecuentan más hombres que mujeres, hay también grandes representantes femeninas entre los mejores, así que era algo que mi parte feminista me pedía desde hacía tiempo. Cuando pienso en escritoras de ciencia ficción, enseguida se me vienen tres a la mente; la archi conocida Ursula K. LeGuin, con la que ya tuve contacto en fantasía gracias a la saga Terramar durante mi juventud; la popular Lois McMaster Bujold que tantas pasiones ha levantado con su saga Vorkosigan y que aún no he tenido oportunidad de catar; y por último Anne McCaffrey, más conocida por su saga de los dragones de Pern, de género fantástico, pero que también tuvo su coqueteo con la ciencia ficción.

Enseguida me dispuse a asaltar la biblioteca a ver que encontraba de cualquiera de las tres, aunque reconozco que Bujold era mi preferida. Tras una breve búsqueda, encontré dos libros de McCaffrey que formaban colección y me pareció buena idea utilizarlos como toma de contacto con la autora dejando a Bujold para el futuro. Estos dos libros son sobre los que hablaré en este artículo: El planeta de los dinosaurios y su inmaediata continuación Los supervivientes.

Antes de comenzar a tratar los libros en si, debo hablar sobre la edición española. La edición que poseo, que me consta que fue la primera que llegó a España y, si no me equivoco, la única; consiste en dos libros tamaño bolsillo, con unas portadas muy bonitas y adecuadas a nivel de diseño pero deplorables en cuanto a calidad por lo endebles que son. Pero sin duda lo peor está en el interior ya que ambos volúmenes cuentan con un marcado "efecto otoño", es decir, que se le caen las hojas con una facilidad pasmosa. Pero si malo es el aspecto inicial, aún peor es lo que han hecho con los libros en el interior donde no encontraremos ni una sola página de las aproximadamente 600 que componen las dos novelas, en donde no haya erratas. Y no digo una errata por página, en ocasiones hasta dos o tres. Sinceramente, eso no es serio, yo lo tildaría más bien de chapuza. Puede ser que en el año 86, cuando se editaron los libros, no existieran grandes programas con correctores ortográficos que impidieran semejantes deslices, pero sin duda había editores cuyo trabajo era precisamene evitar estas cosas. El editor de estas novelas está claro que estaba de vacaciones por que el resultado es vergonzoso: palabras inconclusas, letras intercambiadas, nombres de personajes equivocados... ¡incluso alguna falta de ortografía! A cualquier purista de sangrarían los ojos. A mí simplemente me ha producido una incomodidad tal que ha deslucido por completo mi disfrute hacia las novelas una completa injusticia tanto para el lector como para el autor.

Ahora hablemos del trabajo de McCaffrey. El planeta de los dinosarios fue escrito en el año 1979 mientras que su segunda parte, Los supervivientes, vió la luz en el año 1984 aunque no llegó a España, como he comentado antes, hasta el año 1986 de manos de Ultramar editores en su coneción "grandes éxitos de bolsillo" de ciencia ficción.

La premisa inicial de la obra es clara, sencilla y efectiva para atraer a los amantes del género: Una expedición de científicos es destinada a Ireta, un planeta inexplorado y potencialmente peligroso, con la misión de catalogar su fauna y actividad geológica. Incluye muchos elementos que, aunque en principio no convierten a una novela en obra maestra, si que prometen entretenimiendo y una lectura agradable en clave de aventuras: un planeta inexplorado que oculta un misterio, una expedición de científicos para explorarlo, contacto con razas extraterrestres, peligros por doquier, intereses enfrentados, emociones... Si duda estamos hablando de una supuesto muy trillado pero que puede contener tantos matices que no tiene por que aburrir.

Sin embargo, lo que se planteaba como una ligera novela de aventuras en las que se disfruta más cuanto menos se usa el cerebro, se convirtió, debido a sus fallos argumentales y a su ideología diametralmente opuesta a la mía, en un disgusto continuo.

Empezaré, sin ir más lejos, por el título de ambas obras. Me parece un error garrafal por parte de la autora (o de quien fuese el responsable), que la primera novela se titule "El planeta de los dinosaurios" ya que en realidad se está haciendo una referencia a algo crucial que no se descubre hasta dos tercios después de comenzar la primera novela. El título de la segunda novela, por otra parte, también resulta demasiado "sugerente" sino directamente explicativo.

La presentación de los personajes que acompañaran al lector durante la aventura en Ireta, el planeta en el que se desarrolla la historia, es otro de los fallos argumentales. Excepto una breve descripción de los dos protagonistas principales (Varian y Kai) donde básicamente nos dicen de donde vienen y como se conocen, el resto de los personajes son ignorandos como si de mero atrezzo se tratara. Aunque bien es cierto que durante la primera novela estos personajes secundarios no tienen trascendencia, parte de ellos resultan cruciales al final de dicho libro y durante el segundo por lo que alguna descripción o presentación habría sido de agradecer. De hecho, me vi tentada a hacerme una lista de nombres y tratar de completarla con las pocas pistas que proporcionaba la autora sobre cada uno de ellos por intentar esclarecer un poco mi lectura y saber, por ejemplo, algo tan elemental como si el personaje en el que se centra una escena era un hombre o una mujer. Por no haber, no hay ni una sencilla descripción física de los personajes, ni siquiera de los protagonistas. La sensación que me queda es que McCaffrey los deja caer, sin presentarlos ni nada, como si ya "tuvíeramos" que conocerlos. Una pena que sus lectores no sean capaces de leer su mente, posiblemente eso nos habría enriquecido la novela.

Siguiendo con el tema de los personajes, me gustaría indicar que la evolución de éstos es practicamente nula, con la pequeña excepción de los dos protagonistas y comandantes de la expedición, Varian y Kai y la octora de la expedición, Lunzie, sobre los que hace una pequeña intentona de caracterización. No obstante, debo reconocer que, en general, todos los personajes despertaron mis simpatía por lo que esta falta de evolución no me resultó tanto un fallo, de hecho, es habitual en otras novelas de corte similar, esta misma carencia. En general me pareció una decisión correcta en favor de agilizar la historia y centrar la atención del lector en la aventura ya que los personajes no tenían tanta relevancia como los hechos que iban aconteciendo a lo largo de la historia. Algo más a reseñar es la gran igualdad entre hombres y mujeres, tanto en número como en importancia, algo siempre valioso para el público femenino.

Hablando un poco del desarrollo argumental de ambos libros, me gustaría decir que mi mayor problema a la hora de entender y empatizar con la historia, fue la concepción de sociedad e ideología que McCaffrey había concebido. La humanidad, que ya ha contactado con otras formas de vida y ha evolucionado en moral y valores, han desarrollado un respeto a la vida en el que se incluye el deber de permitir que cualquier otra especie pueda alcanzar el mismo nivel evolutivo y de pensamiento que ellos. Esto implica, entre otros aspectos, que la sociedad al completo es vegetariana. Personalmente, no tengo nada en contra del vegetarianismo, pero me cuesta creer que la sociedad vaya a evolucionar en ese sentido hasta sentirse completamente horrorizada ante la idea de ingerir proteínas animales. Y más aún me cuesta asumir que sea un Xenobiólogo, un científico cuya vida es conocer otras formas de vida alienígenas (tanto hervíboras como carnívoras) el que más se asquea ante la idea de que un animal devore a otro para subsistir. Estoy hablando de Varian, uno de los personajes principales de la novela, xenobióloga de profesion y encargada de estudiar la fauna de Ireta. Sin embargo, Varian no es un personaje consistente ni consecuente con su profesión ya que, al observar la cadena trófica natural del ecosístema alienígena de Ireta, su "moralidad" la lleva a intervenir activamente en varias ocasiones rescatando a algún hervívoro de ser la cena del carnívoro de turno sin ningún reparo y considerándose una heroína por ello. ¿No es la base de la biología el estudio del medio natural tal y como se presenta sin la intervención humana? Pues según McCaffrey, esto es algo que cambiará en el futuro y yo, personalmente, no me lo trago.

Respecto a originalidad se puede decir que no hay mucha. Quizá el elemento más original que he podido apreciar es "La Disciplina", aunque tampoco lo es especialmente pues ya he encontrado elementos similares en otras novelas. Se trata disciplina mental entrenada, que permite sacar al cuerpo el máximo provecho permitiendo el control absoluto de todas sus facetas y el incremento de las habilidades, fuerza física y capacidades mentales de forma temporal. Gracias a ella, que adquiere gran importancia en el segundo libro, los personajes serán capaces de salir de la mayoría de los peligros a los que se enfrentan en Ireta. Otro aspecto original podría ser las diferentes razas que desarrolla McCaffrey durante la novela donde se encuentran algunas variantes de los mismos seres humanos (los equipos pesados) o formas de vida completamente diferentes con costumbres y mentalidades bien distintas. Estas razas alternativas darán cierta riqueza a la narración aunque, hasta el final del segundo libro, no serán realmente representativas.

Indistintamente a todas estas pegas que he encontrado, debo decir que la lectura se me ha hecho amena pues el estilo de McCaffrey es muy sencillo de seguir una vez se aprende a ingnorar la vorágine de nombres de personajes imposibles de ubicar y los sucesos accesorios (que son muchos y muy confusos). Es un estilo claro y rápido, muy basado en el diálogo lo que siempre lo hace más dinámico e indirectamente participativo para el lector. En todo momento, serán los personajes los que no guíen durante la aventura, dejando que la narración fluya y vaya cambiando entre los miembros de la expedición (sobre todo el de los comandantes) para que así dispongamos del punto de vista de cada uno de ellos y compartamos sus pensamientos e inquietudes. Si el ritmo hubiera sido más rápido y la acción más trepidante, posiblemente el libro habría ganado pues, aunque el estilo tiene esta vertiente pero el argumento y la narración no, por lo que uno se queda con cierta sensación de "no está pasando nada".

Como conclusión diré que "El planeta de los dinosarios" y "Los supervivientes" son dos libros mal planteados, con personajes incoherentes, errores argumentales importantes y una edición española vergonzosa. Por el otro lado, se puede decir que son libros que se pueden leer y resultan hasta entretenidos si se rebaja el listón de calidad y el lector sabe a que se enfrenta. Si el lector es un amante de los dinosaurios en concreto a las aventuras expedicionarias en general, resulta hasta recomendable. Pero siendo sinceros, decantarse por estas novelas en lugar de por otra alternativa habiendo tantas historias fantásticas por descubrir, personalmente no lo aconsejo. Aunque por supuesto, esto depende de cada uno.

Ficha Técnica

El planeta de los dinosaurios
Título original: Dinosaur Planet
Autora: Anne McCaffrey Fecha de publicación: 1978
Edición en español: Ultramar editores s.l. (1986)
Páginas: 228
Premios: Ninguno

Los supervivientes
Título original:The survivors
Autora: Anne McCaffrey
Fecha de publicación: 1984
Edición en español: Ultramar editores s.l. (1986)
Páginas: 319
Premios: Ninguno