DUNE de Frank Herbert


Muchos conocen la historia de Dune por la película basada en la novela que David Lynch dirigió 1984. Otros la conocen por la miniserie televisiva estrenada el año 2000 por sci-fi channel. Otros simplemente habrán conocido algo de dicha historia por el boca a boca y las múltiples referencias que encontramos en la cultura popular. Sea como sea, términos como “Arrakis” o “Atreides” y conceptos como “gusanos gigantes que viven en la arena”, no resultan desconocidos para toda una generación. ¿Cuántos autores de ciencia ficción pueden afirmar con semejante rotundidad que su historia ha trascendido las páginas de sus libros? Solo los más grades.

Es por tanto evidente que Dune, como novela, historia y universo, ha supuesto un hito y no solo para los aficionados a la ciencia ficción sino también a los ajenos a ella. Así que, como apreciación personal, tras la lectura del libro, y para iniciar este artículo, puedo decir con conocimiento de causa, que Dune no deja indiferente. Ésto la convierte en una obra absolutamente imprescindible y de una calidad arrolladora.

La premisa de Dune es sencilla y claramente asimilable para cualquiera pues podría desarrollarse del mismo modo en el universo concebido por Herbert, en la edad Media europea o en pleno siglo XXI. El duque Leto Atreides recibe orden del mismísimo emperador, de hacerse cargo de Arrakis, un planeta desértico que hasta entonces había estado bajo el control de los Harkonen, los enemigos políticos de los Atreides. El duque asume la soberanía de Arrakis y lleva a dicho planeta a toda su familia, sus mejores lugartenientes y sus valerosos hombres, temiendo en todo momento una trampa por parte de los Harkonen pero incapaz de eludir la orden directa del emperador. Los Harkonen, reticentes en todo momento de abandonar la soberanía del planeta desierto, urden un plan para recuperarlo valiéndose del más vil de las tretas, la traición. Y es que Arrakis supone en si una fuente inestimable de riquezas pues es el único productor de la melange o “la especia”, una sustancia narcótica de increíbles propiedades geriátricas muy codiciada por la cofradía de navegantes espaciales. Los Harkonen no están dispuestos a renunciar a él tan fácilmente.

Pero lo más conocido de Dune no es su premisa inicial sino el universo en el que se desarrolla la narración. Lo más llamativo, sin lugar a duda, es el planeta Arrakis con todas sus singularidades. Un planeta hostil para la vida que Herbert sabe describir a la perfección como un desierto interminable surcado por grandes gusanos que viven en la arena donde el agua es el más apreciado de los tesoros y la muerte está a la orden del día. La descripción de la forma de vida de las gentes del planeta, sus costumbres, su apariencia e incluso su forma de hablar, indica al lector cuan seco es el planeta y cuan dura es la vida sobre su superficie. La hostil ecología planetaria llega a definir el carácter de los fremen, los hombres libres que lo habitan, convirtiéndoles en un pueblo guerrero e incluso violento, con un toque de honor y, sobre todo, un incipiente fanatismo religioso ante la promesa de un mundo mejor donde el agua no sea un privilegio sino una trivialidad. La actitud de estos hombres y las circunstancias del planeta será clave a lo largo de la historia lo que convierte a Arrakis no solo un elemento ambiental para la historia, sino en un personaje totalmente activo en ella; tan importante como cualquiera de sus protagonistas.

Los otros personajes de la historia, si consideramos Arrakis como uno de ellos, son definidos con solemnidad desde el principio de la aventura variando en general poco a lo largo de la narración. Leto se nos presenta desde el principio como un hombre de honor que se gana la confianza y absoluta lealtad de sus súbditos a partir de su honradez, buen criterio y valor. Jessica, la amante concubina del duque, es desde el principio una mujer fuerte, fiel por completo a su amado duque y a sus hijos, extraordinariamente inteligente y que ha sido excelentemente educada para ser hábil en cualquier campo. Gurnery Halleck siempre destacará por su dualidad entre el legendario valor y habilidad para la lucha y su arte en la interpretación musical que calmará los corazones hasta en los momentos más duros. Stilgar se nos presentará como un hombre honesto forjado en el calor del desierto y sus costumbres, absolutamente entregado a su pueblo y trabajador incansable por mejorar las condiciones de vida de su gente a toda costa. Y el desagradable barón Harkonen de mente pérfida, ambicioso y cobarde a la vez. Y esto por mencionar algunos de ellos. En general, la mayoría de los personajes no presentarán muchos cambios en su forma de ser ni en sus lealtades que los presentados en su inicio. Sus convicciones quedarán de inicio a fin claras y definidas y sus actos se moverán al son de dichas convicciones y criterios.

El único personaje que experimenta un importante cambio durante la novela, que en ocasiones puede sorprender al lector, es el personaje protagonista, Paul Atreides. Pasará de un muchacho extraordinariamente inteligente y maduro pero de buen corazón, a un auténtico líder de gran carisma, en ocasiones despiadado, amparado por las circunstancias que ha sabido manejar gracias a su visión del futuro (lo que en el libro se llama “presciencia”). Aunque el personaje pueda gustar más o menos en un estadio u otro, lo cierto es que el cambio es evidente.

Para darnos a conocer a los personajes, el autor se vale de un recurso que se convertirá en un identificador en el libro: mostrar los pensamientos de cada uno de ellos. El uso de este recurso, aunque útil, en mi opinión resulta abusivo y llega a resultar tedioso e incluso un poco confuso en ocasiones al no determinarse claramente a quien pertenece el pensamiento. Paul Atreides, además de contar con este recurso, cuenta al principio de cada capítulo con un pequeño texto supuestamente proveniente de los escritos realizados por la princesa Irulan sobre su persona. De nuevo, en mi opinión, resulta un recurso que se vuelve tedioso y exasperante, y que además mata parte de la intriga del libro al revelar acontecimientos al lector que aún no han ocurrido en la narración. Personalmente, consiguió despertar en mí un odio acérrimo Irulan ya desde mitad del libro, sin que ni siquiera hubiera aparecido aún en la historia.

Dos elementos importantísimos durante la novela, son el adiestramiento recibido por los personajes y la religión con tintes de fanatismo del pueblo fremen. Ambos aspectos, se convierten en los ejes sobre los que gira la novela y lo que proporciona en curso propicio de los acontecimientos. Tratemos un poco más en detalle ambos.

El autor da una importancia máxima al adiestramiento de los personajes que lo hayan recibido. No duda en hacer hincapié en todo momento y tras cualquier acción de los personajes, de que ésta es posible gracias a su adiestramiento. De este modo, por ejemplo, Dama Jessica es el resultado de su adiestramiento Bene Gesserit. Esto es más evidente en el caso de Paul Atreides. Paul Atreides es el resultado del adiestramiento Bene Gesserit que recibe por parte de su madre, de su adiestramiento en el arte de la lucha por parte de Gurney Halleck y Duncan Idaho, sobre moral y capacidad de gobernar de su padre, el duque Leto, en el poder del desierto por parte de Stilgar y en la mentalidad analítica y estratégica por Thufir Hawat. Esta importancia casi enfermiza hacia los adiestramientos me arrastró a imaginar, durante la lectura de la novela, a Paul Atreides en un cascarón vacío sin dimensión humana, que en realidad no es más que el resultado de su adiestramiento, una excelente genética y una especie de destino predeterminado, sin nada más que aportar. En ese sentido, el personaje se me antojó incompleto ganando mi antipatía desde su primera aparición hasta la última al no conseguir conectar con él. No es que sea un personaje desprovisto de emociones o pensamientos humanos, pues los demuestra claramente durante varias escenas, es simplemente que dichas emociones y pensamientos están tan moldeadas por su adiestramiento que el lector no puede ver hasta que punto es un ser vivo genuino y hasta donde un cúmulo de circunstancias e información. Y es que el ser humano es hasta cierto punto la suma de sus experiencias y conocimientos, pero en mi romántica formar de aprecia la vida humana, me gusta pensar que el ser humano es algo más. No obstante diré a su favor, que el personaje de Paul encaja a la perfección con su función en la novela y se resuelve su actuación con maestría en la narración.

Las costumbres fremen, aunque en un principio resultan fascinantes ante su crudeza y pragmatismo, acaban resultando soporíferas y aburridas debido al constante ritualismo encerrado en cada una de ellas. Además de esto, las grandes ceremonias descritas incluyen multitud de términos en el idioma fremen que puede hacer algo confuso su correcto entendimiento. Al final, la indiscutible fe de los fremen ante la profecía mesiánica en la que un salvador aparecerá para mostrarle el camino acaba aburriendo y agotando un poco al lector por el exceso de referencias a la misma. Por mi parte, entiendo la importancia de esta profecía pues es gracias a ella que Paul consigue sus objetivos al final de la novela, pero en mi opinión tanto énfasis sobre este hecho es innecesario: el lector no es tonto.

Quizá otro punto desagradable de la narración para mi gusto, ha sido el amplio aspecto metafísico que destila la obra. Para mí, esa amalgama de términos que pretenden explicar conceptos tan alejados del pragmatismo de la realidad, conceptos tan abstractos, se me atragantan y me confunden hasta el punto de no comprender que quiere transmitirme el autor. Lo que, sin duda, resulta una característica rica y elegante ese punto de misticismo mezcla entre el poder de la mente y el fervor religioso, pero a mí en ningún momento llegó a convencerme debido al nivel de abstracción requerido para su entendimiento. Quizá, simplemente, me faltó “un nivel más de consciencia” para hacerme con esas ideas que Herbert trataba de transmitir. Un recurso tan propio de los grandes autores sobre todo en la época dorada de la ciencia ficción, la inclusión de pura metafísica, en este caso se convirtió en un escollo para mí, algo que no me ocurría desde que leí El señor de la luz de Roger Zelazny. Aunque esta es, por supuesto, una opinión absolutamente subjetiva pues tengo claro que es precisamente este aspecto el que resulta más atractivo al público en general que han leído este libro.

La narración en todo momento es ágil y está bien formada. También es rica en diálogos lo que la hace más entretenida. Las descripciones son adecuadas por lo que no rompen en ningún momento el ritmo de la novela. Lo último que me gustaría sobre el estilo de la narración, es mencionar es el rico vocabulario creados por Frank Herbert que da una identidad propia al pueblo fremen, al sistema político presentado, a las tradiciones, Bene Gesserit y al universo de la novela en general. También es de agradecer que, para que semejante riqueza de términos no se convirtieran en un lastre, el autor o bien el editor, no sabría decirlo, elaborara un glosario de términos al final de la edición que he podido leer.

Como conclusión diré que Dune representa una obra imprescindible dentro de la ciencia ficción y muy recomendable para todos los aficionados al género e incluso para los ajenos a él. Aunque pueda tener algunas partes menos interesantes bajo mi punto de vista, no debemos olvidar lo que es un clásico por derecho propio y sus flamantes premios Hugo y Nébula (siendo de este último el ganador en su primera edición) lo atestiguan.


Ficha Técnica
Título original: Dune
Autor: Frank Herbert
Fecha de publicación: 1965
Edición en español: debolsillo - 1995
Páginas: 698
Premios: Premio Hugo 1966, Premio Nébula 1965

2 comentarios:

  1. Muy buen análisis. Para mi Dune es un clásico que no debería faltar en ninguna biblioteca.

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  2. Creo que hay poca gente a la que le guste leer fantasía que no haya leído al menos alguno de los libros de Dune. Yo estoy de acuerdo con Iriem en todos los aspectos, tanto buenos como los soporíferos (las partes tan metafísicas, sobre todo, hay momentos en los que desconectaba de ellas), aún así me parece que son unos clásicos dignos de leer.
    Es una serie de libros que me llegué a leer hace bastantes años, y luego continué con los libros precuelas de Dune, del hijo del autor, y aunque es completamente otro estilo de escritura, me parecieron entretenidos.

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